Perfumar toda la casa

Con un retraso de unos días 13.03.16 conmemoramos en Emaús el Día internacional de la mujer.

Las mujeres de la misión prepararon el servicio dominical, y nos desafiaron a dar frutos para transformar la realidad. Recordando la memoria de las primeras misioneras luteranas en el país y la de las mujeres que han precedido en la historia de esta misión, nos animaron a comprometernos para hacer de este, un mundo mas equitativo.

Somos invitados a creer que Dios quiere hacer cosas nuevas y como María, en el evangelio (Juan 12:1-8) fuimos invitadas e invitados a ser capaces de hacer cosas que desafíen los estandares de una sociedad inequitativa e injusta. Pequeños actos como el de María pueden llegar a perfumar toda la casa. Olor fragante que agrada a Dios: pequeñas semillas que se trasforman en grandes árboles que dan fruto.

Despedida de Adi Martínez

Nuestra hermana en la fe Adi Martínez, quien ha estado en nuestra comunidad por cerca de cuatro años y quien es miembro de nuestra Iglesia desde el 2014 partió para la ciudad de Leipzig en Alemania donde continuará sus estudios de teología, en un programa convenio entre la Obra Gustavo Adolfo (Gustav Adolf Werke) y la Iglesia Luterana de Colombia.  Adi es ya la tercera persona de nuestra Iglesia que participa de este programa, después de que los hoy reverendos Atahualpa Hernández y Zulanlly Chaparro también estuvieran en tierras germanas. Enviamos a Adi en el nombre del Señor , pidiéndole al dador de la vida que la acompañe en su viaje y le permita crecer en fe, esperanza y amor, para continuar sirviéndole en su Iglesia a su regreso.

Diálogos con cese bilateral al fuego

Compartimos un comunicado de la sociedad civil, firmado por varias organizaciones entre ellas DIPAZ, de la cual hace parte la Iglesia Luterana en Colombia

Las plataforma y movimientos nacionales abajo firmantes, quieren manifestar su profunda preocupación por los hechos de guerra que se vienen presentando entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Farc-EP en los que han perdido la vida 10 soldados y 26 guerrilleros en el departamento del Cauca, todos hijos de nuestro país, hechos que han avocado la decisión del gobierno de reactivar los bombardeos y de parte de las Farc-Ep la decisión de suspender el cese unilateral al fuego.

Si bien se ha dialogado en medio de la confrontación armada, el cese unilateral decretado por las Farc-Ep en diciembre pasado y la respuesta que en su momento diera el Gobierno nacional de cesar los bombardeos por un mes prorrogable, además del acuerdo de “desminado”, han sido signos concretos de avances en el desescalamiento de la confrontación, con el efecto directo de confianza por parte de las comunidades mas afectadas por el conflicto armado interno.

Ante estos dos graves hechos de guerra, que afectan la esperanza de paz en nuestro país, queremos insistir con vehemencia al gobierno de Colombia y a la guerrilla de las Farc-EP, en nuestro reclamo de un cese bilateral al fuego, lo que incidirá de modo directo en la confianza en el proceso por parte de las comunidades y de las mujeres y hombres de buena voluntad de nuestro país.

No mas soldados ni guerrilleros muertos, no mas afectaciones a la población civil. Las acciones unilaterales o bilaterales que redunden en la protección de la vida y la integridad personal de combatientes y no combatientes es un signo de amor a la vida, de respeto a Colombia, de aprecio a las comunidades indígenas, afrodescendientes, mestizas, que habitan los territorios, de reconocimiento a los sectores de la sociedad que apuestan por un país que garantice el bienestar de todas y todos. No es un signo de debilidad.

Recordamos que la sociedad que quiere la paz fue la que posibilitó la reelección del presidente Santos para su segundo mandato, contra los discursos que avivaban la violencia por parte del otro candidato con altas posibilidades de ganar las presidenciales. Esas mayorías reclaman la generosidad de las partes. El cese bilateral al fuego será una justa respuesta a ese llamado a la paz que masivamente se ratificó el pasado 9 de abril en las calles de las principales ciudades de Colombia.

De no avanzarse hacia un cese bilateral, cada muerte evitable seguirá hiriendo la conciencia moral de la sociedad y seguirá sumando a la responsabilidad de quienes pudiendo desescalar la confrontación, no tienen la voluntad de hacerlo.

Llamamos a los medios de información a no incentivar los odios entre colombianos con el uso de un lenguaje que expresa desprecio por los muertos de la guerrilla y exalta los del ejercito nacional, cuando todos son colombianos y colombianas, cuyas vidas son invaluables y sus muertes se habrían podido evitar con el cese bilateral.

Con profunda preocupación,

Comunidades Construyendo Paz en los Territorios -CONPAZ- constituida por 130 organizaciones de base.

Coordinación Colombia Europa Estados Unidos – CCEEU-, constituida por 260 organizaciones defensoras de derechos humanos.

Plataforma Colombiana de Derechos Humanos Democracia y Desarrollo, constituida por 76 organizaciones defensoras defensoras de derechos humamos .

Dialogo Intereclesial por la Paz en Colombia -DIPAZ- constituida por 42 organizaciones nacionales y dialogantes internacionales.

Clamor Social por la Paz constituida por 50 organizaciones.

Alianza de Organizaciones Sociales y Afines, constituida por 165 organizaciones sociales.

Colombia, 22 de mayo de 2015

¿Qué dice realmente la Biblia? – Carta Abierta del Obispo Emerito Eduardo Martinez

EduardoEl Rev. Eduardo Martinéz ha comunicado su posición teológica frente al reto de interpretación de las escrituras en una  carta abierta a los miembros de la Iglesia Evangélica Luterana de Colombia.   Transcribimos el texto aquí por considerar importante el debate amplio del tema.

¿Qué dice realmente la Biblia?

Con esta frase los testigos de Jehová quieren llamar la atención de los transeúntes que pasan por las esquinas de Bogotá, en las que ellos se ubican para difundir su manera de pensar sobre el mensaje de la Biblia.

Precisamente las múltiples maneras de acercarse a los textos bíblicos se constituyen en causa y explicación para la existencia de tantas iglesias y tantos movimientos que “fundamentan” su fe en el libro sagrado del cristianismo: la Biblia.

Pero, ¿es legítimo fundamentar, prácticamente, cualquier cosa a partir de la interpretación de la Biblia?

Quise introducir de esta manera la presente carta abierta a mis hermanos y hermanas de la Iglesia luterana en Colombia, en la que expongo algunas de mis ideas, para dar claridad frente a señalamientos públicos, y velados, de haber dejado de lado la Biblia, y de estar bajo la influencia de la teología liberal en las posiciones que he asumido frente a temas relacionados con los derechos de las minorías sexuales, entre otros.

Creo oportuno este momento para escribir, cuando ya no tengo el rol de Obispo – Presidente de la IELCO, y me puedo expresar con mayor libertad desde mis convicciones personales, reflejadas en las siguientes líneas.

Lo primero que quiero desmentir es la presunción de que he dejado de confesar y creer que la Biblia es la fuente de autoridad y norma para la fe y la práctica del cristianismo. De hecho, al momento de ser ordenado al Ministerio de la Palabra y de los Sacramentos hice profesión pública de que ésta es mi convicción y de que bajo dicha premisa iba a desarrollar mi ministerio. No creerlo, y no ser consecuente con ello, sería traicionar mi compromiso con Dios y con su iglesia.

Si esto es así, ¿Por qué puedo afirmar cosas que otros consideran contrarias a la Biblia? La respuesta es sencilla: porque no leemos la Biblia de la misma manera, no la vemos con los mismos ojos.

Existe una manera de leer la Biblia, en algunos de mis hermanos y hermanas, que yo me atrevo a llamar “fundamentalista”. Explico por qué:

La teología que hoy se conoce en el ámbito académico cristiano como liberal, es aquella que tuvo su desarrollo, especialmente, en el siglo XIX y comienzos del XX. La característica de esta manera particular de acercarse a la Biblia consiste en verla, básicamente, como libro susceptible de ser estudiado por medio de disciplinas de pretensión científica: análisis literario, crítica textual, lingüística, estudio del contexto histórico mediante la arqueología, la antropología y ciencias afines, entre otros.

La teología liberal surge como una respuesta, desde la orilla de la fe, en un mundo y cultura que privilegian el conocimiento obtenido mediante la aplicación del método científico para el hallazgo de “verdades” o leyes de carácter científico. La lucha de la teología de entonces era tratar de legitimarse a sí misma, como verdadero conocimiento, al lado de otros saberes.

Un sector del cristianismo de entonces comenzó a mostrase inconforme con algunas conclusiones de la teología liberal. A manera de ejemplo: Un asunto interesante de la teología liberal era búsqueda del “verdadero” Jesús, no el de la fe sino el de carne y hueso: el Jesús histórico. En esa búsqueda, algunos teólogos llegaron a cuestionar creencias tan centrales en la fe del cristianismo como la afirmación de la resurrección de Jesús como hecho histórico. En lugar de ello, según tales teólogos, la resurrección podría ser comprendida mejor como un asunto de fe: los discípulos y discípulas de Jesús “creyeron” en su resurrección, consecuentemente, el hecho histórico no sería la resurrección como tal sino la fe en ella.

En reacción frente a estas tesis surgió lo que se conoce como el fundamentalismo bíblico: una manera de acercarse a la Biblia que asume cada cosa que está escrita en la Biblia como verdad irrefutable y absoluta. Desde esta óptica lo mejor es leer la Escritura literalmente, buscando aplicar sus enseñanzas y normas tal y como se pueden observar directamente en la Biblia.

Una consecuencia práctica de esta manera de leer la Biblia es, por ejemplo, el rechazo al conocimiento que brinda la ciencia respecto a la vida humana. No se acepta, desde esta perspectiva, que la historia del ser humano tenga millones de años de evolución, porque el texto bíblico habla de seis días durante los cuales se creó el universo, el planeta tierra y el género humano, lo cual debe entenderse, desde esta visión, en forma literal. Podrían darse cientos de ejemplos sobre temas en los que el conocimiento humano y científico sería rechazado por no estar en concordancia con una lectura literalista de la Biblia, sin importar lo abrumadora que pueda ser la evidencia en favor de determinada tesis o teoría.

Personalmente no “comulgo” con ninguna de estas dos maneras de aproximarse a la Biblia, ni teología liberal ni fundamentalismo bíblico; básicamente, porque ambas caen el mismo error: no le permiten a la Biblia expresarse por sí misma al no tomar en serio lo que la Biblia misma es y pretende ser. La Biblia no es un libro caído del cielo en el cual cada palabra que contiene haya sido escrita directamente por la mano de Dios. Tampoco es un libro cuyo contenido tenga la pretensión de ser científico. La Biblia, en cuanto a libro sagrado, es texto escrito que nos transmite el testimonio de quienes han “caminado” con Dios, mediante la fe, en situaciones culturales e históricas concretas. La pretensión de la Biblia es una sola, digo esto desde la perspectiva confesional luterana: que Conozcamos a Cristo y su evangelio (S. Juan 20:30-31).

Todo esto sería objeto de un escrito más extenso, con numerosas citas bíblicas y bibliográficas, pero dado el objetivo de ser una carta más de carácter pastoral, me permito expresar sola algunas cosas muy básicas para clarificar mi aproximación a la Biblia, que sustenta mis expresiones públicas, para quienes deseen entender lo que planteo no por lo que otros dicen de mí, sino por lo que yo mismo afirmo.

Algo fundamental, en lo que seguramente diferimos con algunos, es en nuestra compresión de la revelación de Dios. Entiendo que revelación, en su sentido más básico, hace referencia al encuentro real, concreto, existencial e histórico, entre el ser humano y su Creador. Encuentro que está mediado por diversos tipos de experiencias: algunos han encontrado a Dios al escuchar su voz desde una zarza ardiente (Moisés), otros han sentido un fuego interior que los consume y los impulsa a hablar en el nombre de Dios (Jeremías), otros se han visto confrontados por Dios y desafiados a cambiar su camino y sus propósitos (Pablo), otros han descubierto a Cristo en el rigor del estudio académico de las Escrituras (Lutero), a otros Dios se nos ha revelado en circunstancias límite y críticas de nuestra vida: enfermedades, crisis emocionales e incluso económicas, y podríamos seguir enumerando un sinfín de situaciones humanas y concretas que han servido de ocasión y de contexto para que Dios se diera a conocer (revelarse) a nosotros y nosotras, seres humanos. En otras palabras, la revelación de Dios, como hecho real y concreto, ha acontecido a lo largo de la historia de los seres humanos. Hoy sucede, y seguirá sucediendo, porque Dios no deja de mostrarse a su creación. En pocas palabras: la revelación de Dios ocurre en la realidad de la vida humana.

Consecuentemente, cuando aseveramos que la Biblia es la Sagrada Escritura revelada por Dios, estamos afirmando que es el texto escrito que registra, precisamente, cómo ha sido este caminar de Dios con sus criaturas y este revelarse al ser humano en su realidad histórica y concreta.

Dicho caminar se ha enmarcado en contextos culturales, geográficos, lingüísticos y religiosos específicos. Para entender de manera adecuada lo que dice la Biblia el lector de la misma no puede ignorar los contextos particulares en los que se escribieron los textos que integran la Biblia. Es en la comprensión de dichos contextos en donde diversas disciplinas encuentran su lugar. De manera práctica, yo no puede tener un conocimiento apropiado del Antiguo Testamento sin comprender, lo mejor que me sea posible, la lengua hebrea, la cultura no solo del pueblo judío de hace dos o tres milenios, sino también de su entorno político, social y geográfico, entre otros aspectos. Tomar en serio estos asuntos no es teología liberal, Lutero y quienes acompañaron la reforma fueron enfáticos en afirmar la necesidad de estudiar la Sagrada Escritura con las mejores “herramientas” que estén a nuestro alcance. Por eso me preocupa que algunos estén sembrado desconfianza entre los feligreses frente al estudio serio de la Biblia. Se les olvida que la reforma luterana surge en el contexto académico. Lutero fue doctor y maestro de Biblia en una universidad.

Por eso, no comparto la idea, que algunos están promoviendo, de que una lectura simple, poco profunda y literalista de la biblia es más auténtica y bíblica. Dicha postura nos conduce solamente al error y la insensatez. Una lectura semejante nos podría llevar a conclusiones tan absurdas como, por ejemplo, que la Biblia justifica algunas formas de esclavitud, porque ni en el Antiguo Testamento, ni en el Nuevo, hay una condena explícita a la misma. Por el contrario, en el Antiguo Testamento se indican las reglas a seguir en caso de tener esclavos (Levítico 25:44-46 ss.) y, en el Nuevo Testamento, San Pablo no dice que los esclavos deban ser liberados, sino tratados como hermanos en la fe. A pesar, de esto, y desde una lectura que atienda más al sentido del evangelio, no se necesita hacer mayor esfuerzo para sustentar que hoy no es aceptable que como cristianos apoyemos alguna forma de esclavitud.

Si se afirma, simple y llanamente, que todos los mandatos contenidos en la Biblia son absolutos y de aplicación para todos los tiempos habría que preguntarnos por qué no cumplimos hoy ordenanzas como la de aislar a nuestras mujeres cuando tienen hijos, pues al derramar sangre durante el parto han de ser consideradas “inmundas” (Levítico 12:1-5). Dicho aislamiento cambia dependiendo de si la mujer da a luz a un hombre o a otra mujer: cuando da a luz a una mujer la impureza es más grave por lo que la madre debería aislarse el doble del tiempo.

Son decenas de ejemplos que se pueden dar de cosas que hoy como creyentes, que afirmamos la autoridad de la Biblia, no aplicamos pues entendemos que hay muchas ordenanzas bíblicas que tuvieron sentido y razón de ser en un tiempo y cultura determinadas, pero que hoy no hayan lugar en nuestra vida y práctica de la fe.

No solo es cuestión de la necesidad de interpretar la Biblia teniendo en cuenta los diferentes contextos que sirven de trasfondo para los relatos bíblicos, también hay criterios teológicos que la misma Biblia nos indica que deben ser tomados en cuenta para la adecuada comprensión de su mensaje.

De acuerdo con nuestra confesión de fe luterana, hay dos conceptos fundamentales que se relacionan entre sí y que deben ser tomados en cuenta para interpretar correctamente la Sagrada Escritura: la Biblia se interpreta a sí misma y la Biblia debe leerse con criterio Cristo-céntrico. En palabras sencillas: la Biblia misma nos da criterios para su comprensión y todo texto, y mensaje, contenidos en ella deben juzgarse, valorarse y comprenderse a partir de Cristo y de su evangelio.

En la práctica lo que esto significa es que Jesús y su mensaje están por encima de cualquier otra enseñanza, así provenga de Moisés, de Pablo o de cualquier otro autor bíblico. Esta es una idea que el autor de la carta a los Hebreos desarrolla con profundidad, no hay nadie ni nada superior al Hijo de Dios y su mensaje. Leemos al comienzo de dicha carta: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyo heredero de todo, y por quien así mismo hizo el universo (…)” (Hebreos 1:1-2).

Por cosas como las que he venido argumentando es que puedo afirmar que efectivamente no es válido decir cualquier cosa a partir de la Biblia. Eso lo he aprendido desde hace rato, y por eso no puedo tomar en serio ideas simplistas en el acercamiento al texto sagrado. Cualquiera puede pretender que está diciendo “lo que realmente dice la Biblia”. Pero no se le puede dar la razón a todo. Personalmente, prefiero el estudio serio y juicioso de las Escrituras a la superficialidad y el facilismo.

Para comprender asuntos como los que la Iglesia en Colombia quiere abordar hacia adelante tendrá que colocar sus ojos y oídos en dirección hacia el Maestro, nuestro Señor Jesucristo. Personalmente, no encuentro argumentos en los evangelios que sustenten una actitud discriminatoria y agresiva hacia determinado grupo de personas. Por el contrario, el mensaje, las actitudes y las acciones de Jesús buscaron la dignificación de los grupos de personas que la sociedad, la cultura, incluso la religión, de su época marginaba, estigmatizaba y condenaba.

Por esta razón fue doloroso para mí, en nuestra pasada reunión nacional, escuchar a una persona de unas nuestras comunidades decir: “No puedo aceptar la idea de que todos los seres humanos seamos iguales en dignidad (…) no es verdad: no todos somos iguales”.

Lamentablemente, la opinión de esta persona refleja el pensamiento de muchos en nuestra propia iglesia, pero también refleja nuestra propia cultura en Colombia: la intolerancia, la agresividad el irrespeto y la violencia es el fruto de no poder reconocernos como semejantes, como seres humanos con la dignidad que el creador da a sus criaturas.

El fundamentalismo bíblico no es inocuo, inofensivo, por el contrario es peligroso en la medida en que conduce a sectarismos religiosos, divisiones, actitudes inhumanas y deshumanizadoras. Desde lecturas superficiales e ingenuas se ha justificado el racismo, el genocidio y la homofobia, entre otros males que dañan vidas y comunidades.

Personalmente, no puedo comulgar con estas cosas. Me reconozco a mí mismo como Pastor Luterano conocedor y estudioso de la Sagrada Escritura y de la tradición confesional luterana. Es desde allí que he asumido el compromiso personal de promover y defender la dignidad de los seres humanos, en especial de minorías que han sufrido el estigma y la condena social, como lo son las minorías sexuales. No soy alguien que “apapacha el pecado” porque el pecado que en esta oportunidad hay que poner en evidencia, denunciar y confrontar, es el de nuestra sociedad y cultura, de la cual somos parte y producto.

Desde el evangelio, puedo decir algo distinto porque la buena nueva de Jesucristo cuestiona y llama a la transformación de los patrones culturales. Decir este tipo de cosas ha tenido para mí un costo personal, me siento señalado y juzgado por mi propia iglesia. Pero asumo ese costo, porque es el mismo que pago el Maestro.

Cuando el Señor fue requerido por Poncio Pilatos a confesar quien era Él, si en realidad era el caudillo político de su pueblo, Jesús contesto: yo para esto he venido para ser testigo de la verdad (S. Juan 18:37). Comparto la misma vocación de mi Maestro: dar testimonio de la verdad.

La verdad en este asunto, que tanto alboroto ha causado en este tiempo, es que la Biblia no es un manual de sexualidad humana. Lo que la Biblia dice sobre relaciones de personas del mismo sexo debe entenderse teniendo el trasfondo cultural de la época.

Si hoy queremos tener una comprensión seria sobre sexualidad humana, no podemos evadir el conocimiento alcanzado por las ciencias humanas. Tampoco deberíamos temer escuchar a las personas, creyentes o no, con una opción sexual diversa contándonos cuál ha sido su experiencia de vida. Tendremos que hacer nuestro mejor esfuerzo por escucharnos, comprendiendo que más “que hablar de un tema” se trata de abordar realidades humanas que necesitan ser entendidas para poder responder a ellas, a partir de nuestra fe en Cristo y su evangelio.

Rev. Eduardo Martínez Díaz, M.T.

Obispo Emérito de la IELCO

Concluye una Asamblea más, continuemos afianzados en la voluntad de Dios

Libres por la gracia de Dios

El pasado domingo 15 de marzo concluyó con un concurrido culto en la Congregación El Redentor de Bogotá la 56ª Asamblea Nacional de la Iglesia Evangélica Luterana de Colombia. La Asamblea fue además el lugar en el que reafirmamos nuestro compromiso con el evangelio integral de Cristo, replanteando acciones y reorientando los procesos para cumplir nuestro plan misional previsto para el año 2020.

En el culto de Clausura la Iglesia encomendó el Ministerio de la Palabra y el Sacramento a dos nuevas pastoras, Luz Marly Díaz y Angélica Bernate,  quienes fueron ordenadas luego de cumplir el proceso establecido. También fue instalado el nuevo Comité Administrativo, presidido por el Rev. Gustavo Torres y la M.O. Maria Helena Raciones, como obispo y obispa auxiliar respectivamente, quienes tienen la responsabilidad de seguir adelante con el plan misional para los próximos 5 años. Encomendamos en la bendición de Dios el ministerio de nuestras nuevas pastoras y dirigentes así como por el testimonio y misión de la Iglesia Luterana en Colombia.

Compartimos con nuestros lectores el video del sermón del culto de Clausura, dirigido por el Obispo Herman Yoos del Sínodo Carolina del Sur, quien fue uno de los invitados de nuestros sínodos compañeros y de la cooperación internacional.

Algunas imágenes de la momento ordenación delas nuevas pastoras.

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Confiando en la acción del Espiritu

Ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Rom 14:7

Desde el miércoles pasado las delegadas y los delegados de las congregaciones y misiones de la iglesia nacional reunidos en Asamblea Nacional hemos estado recibiendo informes y proyectando la acción de la iglesia para los próximos 5 años. No han sido pocos los debates y discusiones en los que logramos percibir que somos un cuerpo diverso y que necesitamos trabajar en ese reconocimiento. Seguimos pidiendo a Dios por el discernimiento de la unidad dada a nosotros como don de su gracia.

Asamblea Nacional de la Igesia Evangélica Luterana de Colombia

Durante esta semana se realizará en la Congregación El Redentor (Bogotá), la Asamblea General de la Iglesia Evangélica Luterana de Colombia, de la cual somos parte.  La Asamblea, que se reúne cada 5 años,  tiene la importante responsabilidad de evaluar los avances del Plan Misional de la Iglesia, corregir rumbos para alcanzar las muestras propuestas para 2020 y, no por último, elegir los nuevos comités nacionales, que incluyen la elección de la nueva o el nuevo Obispo presidente para el próximo periodo de 5 años.

Por esta razón unimos como iglesia nacional en oración, durante el tiempo que estará sesionando la asamblea en acción de gracias por la seguridad que tenemos que Dios dirige nuestra Iglesia.

Confirmaciones

Después de un periodo de formación en los principios fundamentales de la fe cristiana conforme a nuestras confesiones, el pasado domingo 25 de mayo fueron recibidos en un culto festivo nuestros hermanos Adi Martínez, Marta Elena Barco, Hanz Herrea e Ivonne Rosenstand.

La celebración de culto de confirmación fue presidida por el Obispo Eduardo Martínez, quien estuvo de visita ese fin de semana en nuestra ciudad. Durante su estadía visitó algunas familias de la comunidad y tuvo un encuentro especial con el confirmando y las confirmandas antes antes de la ceremonia. Su mensaje en la predicación del domingo, así como el resto de su visita, nos encorajó al seguimiento del Señor confiados en la presencia de su Espíritu Santo en nosotros.

Nuevos miembros

 

Vigilia por la paz

Vigilia

He visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto,
y he oído su clamor a causa de sus opresores,
pues he conocido sus angustias.
Éxodo 3:7

En el marco de la Semana por la paz, el pasado 12 de septiembre, en diferentes ciudades del país se realizaron Vigilias por la Paz promovidas por la Mesa Ecuménica por la Paz, de la cual la iglesia Luterana en Colombia hace parte activa. Mientras en Bogotá se convocó la vigilia en la Plaza de Bolivar (ver la noticia en la página de la Iglesia Luterana aquí), en Medellín estuvimos reunidos en la Casa de la Memoria, en el parque Bicentenario, un nuevo espacio en la ciudad que busca rescatar la memoria de las víctimas de la violencia.

A pesar de la fuerte lluvia que cayó al final de la tarde, nos reunimos un grupo de alrededor 50 personas, provenientes de diferentes comunidades cristianas: cruzada, menonita, interaméricana y luterana. Durante cerca de tres horas, con  cantos, oraciones proclamas e iluminados por la palabra de Dios, asumimos el compromiso de velar por la paz con justicia social en  nuestro país (Puedes leer la reflexión completa aquí).

Reconocemos que el sileciamiento de los fusiles y el fin del conflicto armado es un paso importante, pero como cristianos y cristianas sabemos que la paz es mucho más que eso. Es necesario trabajar juntas y juntos por la Vida Abundante de la que nos hablo Jesús, una vida digna para todas y para todos.  Por eso nos comprometemos a trabajar vigilantes, para e¡que el clamor del pueblo sufriente de Dios sea escuchado.

Terminando la jornada escuchamos testimonios de resistencia y construcción de paz, desde los movimientos sociales y de iglesias.  Fue, sin duda, una noche de bendición y fortalecimiento en la fe.

Encuentro ministerial para paz digna y justa

La semana pasada estuvo reunido en la Ciudad de Bogotá el cuerpo ministerial de la Iglesia Evangélica Luterana de Colombia, aquí compartimos la nota del encuentro publicada en la página oficial de nuestra iglesia.

encuentro pastoresFueron tres días de intenso trabajo. También de gran avance para la interacción del cuerpo pastoral con el ministerio de diaconía. Igualmente para caminar por el sendero que permita intensificar la misión profética que compete a la Iglesia en todo tiempo y en todo lugar. Para frentear el poder del mal que se traduce en discriminación, marginalización y exclusión.   Encuentro de maneras que dan a conocer el amor de Dios. Primero se compartieron elementos que empoderan para apropiarse de los medios que tiene la IELCO como son la página web y la emisora On Line (www.punto4radio.com). Luego el pastor Ángel Furlan participó la experiencia de la Federación Luterana Mundial sobre Deuda ilegítima y Justicia ecológica.

Al final se abordaron temas del orden pastoral y se desembocó en ¿cómo hacer prácticos los saberes analizados? Conformando grupos de investigación que combinen teoría y praxis con teología bíblica y doctrina. Desde el contexto actual e histórico. Obvio que desde la enseñanza de Jesús de Nazareth el Cristo resucitado que es camino, verdad y vida.

Esto ocurrió entre el 28 y el 30 de Agosto pasados en Bogotá, durante el encuentro escenificado en la congregación El Redentor de la Iglesia Evangélica Luterana de Colombia. Experiencia que se unifica con lo acontecido con los estudiantes de la Escuela Luterana de Teología –ELT- el 24 de Agosto. Y con el Ministerio de Diaconía el 31 de Agosto.

Son los vientos de cambio que se han venido percibiendo. No de manera atropellada sino de forma sosegada, que han marchado lentamente pero de manera segura. Que van preparando a la IELCO para acompañar al pueblo colombiano en un eventual escenario de post conflicto o, incluso, en un hipotético fracaso en los acercamientos de cese de hostilidades.

La tarea es –a todas luces- compleja, han dicho algunos y algunas. La atmósfera no está clara. Hay nubarrones en el cielo que pretende brillar. Los intereses politiqueros de quienes se lucran –no puede ser otra la razón- con la guerra pretenden que la espiral de la violencia no permita discernir que otro mundo es posible. Donde la paz no sea un sueño sino realidad.

Y en este esfuerzo, confluirán tanto los pastores y pastoras con los miembros de diaconía, los futuros teólogos de la ELT y los feligreses común y corriente. Todos como uno. Como parte del cuerpo de Cristo. Constructores de la paz que no da el mundo, sino que proviene de Dios. La Paz del perdón y la reconciliación. De la justicia y dignidad.